Las comarcas del agua en Tame Arauca, Venecia y El Porvenir

Esta historia forma parte de los relatos de conservación que surgen de la comunidad a partir del proyecto Bosques de Vida implementado en área rural de Tame, Arauca.

Agua y detrás de la montaña, más agua. Fotografía: Cristhian Aguirre H


Un zumbido por los aires era el ruido que avisaba a los encargados de las fincas Venecia y El Porvenir que la familia Cadena estaba por llegar. Ellos ya sabían que tenían que ir por los caballos mientras el rumor del motor de la pequeña avioneta del servicio de taxi aéreo Cessna 206 se aproximaba, pronto las llantas rechinarían al tocar tierra y una familia de garbo especial, de un hombre y una mujer con un hijo en cada mano irían al encuentro.


En Venecia y en El Porvenir, los nombres significan algo más que el sello y la firma en las actas de propiedad. A esta inmensidad de verde salvaje, tupido y montañoso, solo se accedía por los aires durante el invierno en los años sesenta y setenta. El camino real desde Tame, demoraba hasta seis horas de a caballo, un viaje que por supuesto también hicieron muchas veces, siempre en verano, cuando los ríos disminuían su caudal y permitían el paso.


Este lugar recóndito detenido en el tiempo, permite leer el pasado en las cortezas de los árboles, un pasado muy pasado por agua, que fue tempestad y también calma. Hoy estos bosques y sabanas naturales que inspiran respeto profundo, hacen parte de Bosques de Vida un proyecto liderado por La Fundación La Palmita y la Asociación Vivero Comunitario Morichales de Vida con el apoyo del Programa Colombia Sostenible, para recuperar 251 ha y conservar 987 hectáreas de bosque en el piedemonte araucano.


En estas dos fincas 83 hectáreas fueron destinadas a la conservación de los servicios ambientales y 40 hectáreas a la restauración activa de los ecosistemas naturales, para llegar hasta este punto, fue necesario un cruce de destinos y propósitos con vocación por proteger la vida, cuidar el agua y construir la paz en un territorio que ha sufrido la guerra y en carne propia les ha golpeado.


El recuerdo más lucido viene a vuelo de pájaro; cuando al llegar a la finca descargaban los costales con mercado, las maletas con ropa y el periódico del día. Eduardo Cadena, el padre, tenía por costumbre leerlo mientras se tomaba un tinto cargado y admiraba ese relieve de cordillera que se hace sabana.



LA LLEGADA

Han de ser pocas las veces que Don Eduardo leyó sobre Arauca en los diarios, estos parajes eran inexistentes hasta para la prensa, pero no para él. Había estudiado medicina en Bogotá y por esas cosas de la vida su práctica rural fue en Tame, bien puede decir que fue uno de los primeros médicos en llegar a un pueblo que apenas empezaba a construir su hospital. En 1962 conoció a Ana Mercedes Galvis quien trabajaba allí como enfermera y sucumbieron al encanto natural de esta tierra. Tuvieron que pasar muchas décadas y una pandemia para que se regresaran.


En Tame nacieron y crecieron todos los hijos Daniel, Bonni, Eduardo e Iván Andrés, no se sabe si bebieron de las aguas del Gualabao de la que dicen, quien la bebe nunca se va del pueblo, pero es posible la ingesta de otras pócimas de agua de manantial sí pudieran ocasionar ese efecto, porque pese a las incontables vicisitudes que atravesaron como familia y que hubieran podido doblegar a otros, los Cadena Galvis se mantuvieron fuertes y permanecieron como los samanes que se erigen en la entrada de ambas fincas.

Los hijos Bonni y Daniel con el tío Luis en El Porvenir. Fotografía Eduardo Cadena


Nadie se imagina las vueltas que dio la vida para que los aires de tranquilidad hoy recorran la gran meseta donde está El Porvenir. — Hemos sabido resistir’. Se escucha la voz de Daniel, el hijo mayor que actualmente administra las dos fincas, su relato evidencia las cicatrices del tiempo, que recuerdan aquello que dolió pero se pudo sanar con la misma fuerza con la que se han recuperado y conservado los bosques de sus predios. Además guarda en las palabras el convencimiento de que los tiempos han cambiado y que tanto luchar ha servido de algo.


Caminando en medio de las ondulaciones de la finca se detiene, señala una zona que fue arrasada por el fuego hace tres meses,

Es posible que esto se asimile a toda la historia familiar. No en el fuego que los consumió sino en la resiliencia de haberse sobrepuesto, de no ser por algunos rastros que todavía yacen de aquel incendio, hubiese sido imposible identificar y saber que hace tan poco tiempo estaba reducido a las cenizas, hoy brota un verde más encendido y las primeras plántulas emergen en suelo húmedo para cicatrizar la tierra.

UNA HISTORIA PASADA POR AGUA

No en vano la primera de las dos fincas se llamó Venecia, fue bautizada así en semejanza a la ciudad de Italia cuyas vías son fluviales, ‘se llamó así porque tiene mucha agua, agua por donde usted quiera, aguas subterráneas, cristalinas, agua de río, agua fría, agua fresca’, dice Daniel. Más tarde en 1972, fruto del trabajo llegó El Porvenir, con un nombre de presagio y propósito: Pensar en el futuro.


Fue adquirida como un reservorio de vida y de bienestar para los hijos; en esos tiempos la tierra no valía tanto como ahora y las personas en vez de llegar migraban a la ciudad a buscar mejor futuro, ellos en cambio llegaban a hacerlo realidad allí. Venecia y El Porvenir están ubicadas en las veredas de Mapoy y Puna Puna, donde hay todo un entramado de agua y vida que es difícil de creer, numerosos nacimientos y más de treinta pozos naturales.


Ambas están compuestas la mayor parte por bosques de galería y bosques de vega bien conservados, sus formaciones vegetales están marcadas por imponentes árboles cuyos troncos son tan gruesos que es difícil abrazarlos, bosques casi vírgenes dice el propietario, que crecen al lado de los ríos con abundantes especies como aceite, yopo, mosco, chaparro, alcornoco, flor morado, flor amarillo y palma real, así como grandes extensiones de sabana.

La composición del variado relieve de ambas fincas. Fotografías Cristhian Aguirre H


Hay además una especie que no pasa inadvertida y tiene todo que ver con la riqueza hídrica que alberga la finca: El moriche. En El Porvenir, de la montaña a la sabana, de occidente a oriente, hay una extensión de ocho kilómetros de cadenas de morichal, donde brota el agua que parte desde las lagunas de El Totumal y La Vieja. Desde este punto emblemático ambiental y cultural del municipio, se forma el gran valle de los moriches que con innumerables nacimientos y peñas que van ensanchando y aumentando el caudal a medida que se interna por el centro de la finca.


Buscando el corazón, queda el Alto de Las Pavas conocido por ser el sitio de estos plumíferos, allí nace un caño con el mismo nombre, en este punto el avistamiento de fauna es sorprendente, sin ir tan lejos, pudimos ver un venado y su cría corriendo por las praderas hasta perderse en la niebla, también hay tucanes, búhos, águilas, alcaravanes, patos canadienses, carreteros, cunaguaros, zorros, osos hormigueros y monos aulladores cuyos sonidos envuelven en la espesura.


En tanto, allí también nace La Cristalina, el origen es tan puro que no hace falta explicar sus propiedades; de este punto a futuro, se pretende tomar el agua que abastezca y mejore el acueducto de todo el caserío de Mapoy donde viven más de 150 familias. Por eso la familia Cadena Galvis tiene un mantra que dicen, ha regido sus principios ‘la gente no puede decir cosa distinta que siempre que nos encontramos en la vida y en el camino, fue solo para hacer el bien

Nacimiento del valle del Moriche, 8 km de morichales hasta el centro de la finca. Fotografía Cristhian Aguirre H


CUIDAR Y SERVIR

De las tres generaciones que pasaron y crecieron en Tame en los últimos sesenta años, esta familia tiene que ver con todas, su legado y su trabajo trascendió más allá de las profesiones y la simpatía, los viejos vecinos, los ancianos que preservan la memoria del territorio y los historiadores locales, les recuerdan de buena manera, como una familia que trajo enorme progreso a esta parte de la región de Arauca.


Cientos de niños y niñas del pueblo de las fincas y veredas más lejanas, fueron atendidos por el primer médico pediatra de Tame que trabajaba en el Hospital San Antonio, era habitual verlo allí atendiendo los males y combatiendo las enfermedades que aquejaban a las personas, él y su esposa no se limitaron únicamente a los niños, su conocimiento muchas veces les permitió salvarle la vida a adultos y ancianos.

Ana Mercedes y Eduardo, una mañana soleada en los corrales de Venecia. Fotografías: Familia Cadena Galvis


Ser médicos y tener una familia más privilegiada que las demás, nunca les impidió ofrecer ayuda a quien lo necesitara, a muchas personas les regalaban las medicinas compradas del bolsillo propio y en zonas donde era casi imposible ir, llegaban a atender sin cobrar un peso, eso recuerdan sus hijos. Otros vecinos tienen en la mente recuerdos de verles regalando algunas vacas lecheras y cantinas de leche fresca para algunas familias que lo necesitaron.


La profesión y la vocación al servicio de las necesidades de la gente hicieron de ellos una familia respetada y por sobretodo querida, el oficio de la medicina también se convirtió en una ventana para conocer la realidad social de un territorio que con dificultades daba sus primeros pasos para convertirse en lo que es hoy. Ese trabajo llevó a Eduardo Cadena Jiménez a ser Intendente de Arauca en 1982 y por dos años fue la autoridad máxima en un departamento que aún no tenía ese status.


Proteger el paraíso, la tarea que los padres comenzaron

La historia de la familia no ha sido ajena al contexto de violencia y extractivismo que ha azotado la región, mientras esta conversación se da a orillas del Caño de Las Pavas, la voz de Daniel cambia, su elocuencia y carácter templado cuenta las victorias ambientales que lograron con la comunidad.

Yacen los vestigios de los puntos tomados por topógrafos de la Bristish Petroleum en 1962 para delimitar zonas de interés y exploración petrolera. La familia nunca lo permitió. Fotografía Cristhian Aguirre H


“Cuando vinieron las multinacionales la gente dijo, aquí no queremos petróleo, agua es lo que queremos. Mi papá navegaba en lancha por la Laguna del Lipa en Arauca en todo su esplendor, imagínese 17 km2 de agua dulce que ya no está, en esa misma zona donde sacan petróleo. Imagínese toda esa sequía”

Pero de pronto la voz empieza a menguar, aparece el recuerdo de lo que les quitó la guerra, mientras el sonido del agua ambienta la escena, explica el daño que les ha causado el abigeato y los ultrajes de los distintos actores armados que han visto en ellos el lucro fácil y el desgastante litigio en el que vencieron a los ingleses de British Petroleum y Shell para no permitir que entraran a las fincas que al final protegieron.


Por encima de estas pérdidas materiales, les duele haber perdido por largos años la tranquilidad, que a algunos de ellos les obligó a irse con el deseo de querer volver, cuando habla de la paz se emociona, dice que la siente cerca, la voz se alza y le fluye. Se proyecta en las palabras y un aire de optimismo se adueña, cree y sueña con una región en donde el bienestar y la prosperidad llegue a todos sin afectar el medio ambiente.


Bosques de Vida, punto de partida

Bosque adentro buscando coordenadas, este camino se anda en conjunto. Fotografía Cristhian Aguirre H


Se deshace en elogios para hablar de Bosques de Vida; un proyecto ejecutado por la Fundación La Palmita en alianza con la Asociación Morichales de vida y cofinanciado por el Programa Colombia Sostenible, ejecutado por el Fondo Colombia en Paz y financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo BID, que les ha devuelto el deseo perdido y el propósito extraviado, continuar la tarea que iniciaron los padres, preservar el futuro.

Con los incentivos en efectivo y especie obtenidos por sus acciones de conservación a través mecanismo de Pago por Servicios Ambientales (PSA), la familia Cadena Galvis ha volcado sus esfuerzos para retomar la ganadería desde el enfoque regenerativo, para ser productivos y al mismo tiempo amigables con el medio ambiente. Gracias a la orientación y el acompañamiento del equipo técnico de la Fundación La Palmita han invertido sus incentivos en adecuación de la infraestructura general de los predios, a través de kits de cerca eléctrica para mangones y portones metalicos para corrales que mejorarán el manejo de sus pasturas y del recurso hídrico.


Esperan aplicar este modelo regenerativo de prácticas sostenibles desde el próximo año y extenderlo al ciclo completo, ganado de cría, levante y ceba. Gracias a sus pastos nativos descansados desde hace siete años 'pues ha sido costumbre nuestra dejar restaurar la tierra que nunca ha necesitado químicos, tóxicos ni fertilizantes, dice Daniel, quieren seguir derribando prejuicios como que la ganadería y la conservación no pueden ir de la mano.


Estos médicos e hijos de médicos saben que el que llora es un paciente prioritario, al que hay que cuidarle y recetarle tranquilidad. Quieren hacer de este el paraíso de la conservación y amor por el llano como el que se dibujaba desde esos recuerdos en la avioneta, en el que todos vuelvan a la finca, descarguen las viejas maletas y abran el periódico de estos días frescos para leer las buenas noticias.



Escrito por: Cristhian Aguirre H

Comunicador social & periodista


Esta historia forma parte de los relatos de conservación que surgen a partir del proyecto Bosques de Vida y su proceso comunitario. También puedes leer: Altomira, en Tame Arauca entre montañas, puentes y plantas

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