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Dos mundos diferentes

*Esta es una de las historias de conservación, medioambiente y construcción de paz y esperanza producida en el marco del proyecto Bosques de Vida en el programa de la Escuela de Comunicación Audiovisual


Por: Juliet Agudelo

Con la intención de hacer más comprensible lo que les diré, contaré un poco sobre el lugar que vio crecer a mi madre y que tiempo después se convertiría también en mi lugar, donde pasaría los mejores momentos de mi vida.


Nací un primero de enero a las doce del mediodía en un hermosa playa de La Guajira en la punta del norte de nuestro país, un lugar de grandes dunas de arena y un desierto en donde solo se respira paz. Bajo el esplendor del sol que iluminaba la playa, mi madre comenzó a sentir las contracciones, el parto estaba planeado para unas semanas más tarde, pero por esas cosas del destino me dio la bienvenida al mundo en ese lugar místico, pero no es este el lugar del que hablo al comienzo.


Y para hablar de él, debo hablar de mi madre, ella siempre ha sido una mujer fuerte, decidida e independiente como buena llanera de nacimiento, toma todo problema y lo vuelve a su favor, para darme cuenta de cuanto quiero este lugar también debo hablar de mi padre, un hombre enfocado en los negocios, amante a la ciudad que aunque nació en Boyacá, desde pequeño vino a hacer su vida en Bogotá.

Por tener al fondo las montañas, la foto que más me gusta de Bogotá. Fotografía Juliet Agudelo


En la enorme ciudad se conocieron ambos y por problemas de sus personalidades tan opuestas decidieron separarse, yo tenía aproximadamente diez años, mi hermana tres, ambas nos mudamos con mi mamá a Tame, su lugar de origen, donde empezamos a construir una vida mucho más tranquila. Tame, es un municipio situado en el suroccidente del departamento de Arauca, su altura sobre el nivel del mar es de 343 metros un contraste con la altura de Bogotá, su clima es caluroso y su gente hospitalaria. La historia muestra a las personas de este pueblo y de hecho a toda la región llanera como una raza aguerrida y noble desde sus inicios, esto lo supe cuando me empecé a interesar más y más.


Al llegar a Tame toda mi vida comenzó a convertirse en una aventura, empecé a explorar sensaciones en un lugar totalmente diferente, al que no estaba acostumbrada y a vivir cosas que sé que no hubiera podido experimentar en Bogotá, como nadar en el rio, estar en contacto directo con la naturaleza, escuchar el dulce canto de los pájaros y tener la oportunidad de conocer gente tan linda, que siempre me compartió su amistad.


Así, me permití aprender poco a poco sobre la cultura que me enseñó, su música llanera y su danzas de joropo. Empecé a crecer y cada vez me enamoraba más del llano y su belleza, de los momentos tan únicos que me ofrecía. No olvido el momento cuando conocí la finca que dejaron mis abuelos maternos, en Las Palmeras, ubicada en la vereda Puna-Puna, aprendí realmente qué era la naturaleza, la belleza, la calma y sobre todo la paz que se vive en esos pedazos de tierra.


No íbamos con frecuencia debido a lo lejos que quedaba, pero mi mamá con mucho sacrificio logró hacer una pequeña casa de madera, ahora nos quedamos allí cuando vamos y la sigue arreglando para un día irse a vivir. La verdad es que siempre le voy a agradecer a mi mamá, que me enseñó el respeto hacia los demás y hacia la naturaleza.

Una mujer siempre preocupada por mi bienestar que me acompaña en todo y no cede a mis caprichos, le agradezco sobre todo por la oportunidad de vivir en Tame y ofrecerme su amor, gracias a ella me forme como la persona que soy ahora y gracias a ella sucedieron los momentos de mayor felicidad en mi vida.

La vista a las montañas desde la finca de mis abuelos. Fotografía Juliet Agudelo


Hace seis meses me mude a Bogotá a estudiar optometría y la verdad es que no cambiaría el campo por la ciudad, creo que en la ciudad se vive con mucho estrés, es una ciudad muy grande y es difícil movilizarse, las personas por más que madruguen llegan tarde al trabajo o al estudio por culpa de los trancones. La contaminación me atormenta, no cambiaría ni un instante de aire puro, lamento la falta de conciencia de las personas para reciclar o para botar la basura en su lugar, eso genera mucha basura y caos.


De hecho mientras escribía esto no podía continuar, la contaminación auditiva es excesiva, el ruido de los carros y ambulancias me perturba por eso quise terminar esta historia contándola con mi voz, a veces opacada por los ruidos de fondo, otras veces enriquecida por los sonidos que grabé la última vez que fui a Tame. Haciendo este paisaje sonoro fue cuando finalmente encontré el título.

Escrito por: Juliet Agudelo

Narradora de historias - Graduada de la Escuela de Comunicación Audiovisual Bosques de Vida


Esta historia forma parte de la creación colectiva de nueve jóvenes araucanos que culminaron el proceso de la Escuela de Comunicación Audiovisual Bosques de Vida.



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