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Brisas del Cravo, rostros de esperanza

*Esta es una de las historias de conservación, medioambiente y construcción de paz y esperanza producida en el marco del proyecto Bosques de Vida en el programa de la Escuela de Comunicación Audiovisual


Por: Marly Vanegas

Esta historia narra las vivencias y experiencias de una comunidad que apostó por la reorganización de sus actividades productivas para trabajar en conjunto con la naturaleza. Fotografía Marly Vanegas


La contemplación de la amplia variedad de ecosistemas que posee esta naturaleza ha sido para mí, desde siempre la fascinación más grande, nunca me encuentro tan feliz como cuando descubro un nuevo paraíso dentro de mi región de la Orinoquía. A partir de mis observaciones y mi curiosidad de niña, descubrí que eso que admiraba se encontraba en peligro inminente, como aquel río al que solíamos ir en familia y no sabía si en unos diez años estaría, empecé a enfocar mis esfuerzos para aportar lo que más pudiera para su protección y conservación.


A mediados del año 2019, era solo una estudiante de último semestre de Ingeniería Ambiental, decidí darle un cambio a mi vida, quería aportar algo a esta sociedad que nos atrapa en odio y rencor y alguna manera ayudar a romper el espiral de la violencia que está en nuestro corazón. A partir de lo venidero entendí que todos tenemos roles diferentes en distintos lugares del mundo; una interconexión que con los demás seres y formas vivas, desde la dulce transición de las estaciones, hasta el vacío negro del espacio. Este mundo que es mi hogar y el de otros miles también.


El 25 de Julio de ese año, me llegó un mensaje por correo, “Hola Marly, nos permitimos comunicarle que ha sido aprobada su solicitud para ser pasante en la Fundación Orinoquía Biodiversa”; recuerdo muy bien ese día, tres llamadas perdidas y una esperanza agonizante mientras me dirigía en taxi para decirle al director de mi facultad que finalmente no haría las pasantías porque no pude conseguirlas. El momento en que leí el correo no lo podía creer. Fue el inicio de una gran aventura que traería muchos retos y cambiaría por completo mi manera de pensar y actuar.


Mientras asimilo la noticia, un sinfín de pensamientos e interrogantes llegaron a mi mente en ese momento, nace para mí un proyecto no solo profesional sino de vida, trabajar por la conservación-producción con comunidades rurales ganaderas. Un viaje que conectó las luchas, la tradición productiva y las ganas inmensas de buscar la paz, la tranquilidad y el bienestar de la mano de la naturaleza.


LAS BRISAS DEL CRAVO

Brisas del Cravo es una vereda ubicada en el municipio de Tame en Arauca, está arropada por las montañas del Cocuy, el viento frio rodea una amplia gama de bosques y una variedad de especies de flora y fauna. Está situada dentro del área de influencia de la cuenca del Rio Cravo, que nace en la sierra del Cocuy y cuya área es ocupada por cuerpos de agua enormes, un rico complejo de caños cuyos nombres recuerdo perfecto, Caño Calabozo, Caño Tigre, Caño Verde, Caño Claro y Caño Gallina.

El deterioro ambiental de la vereda, obligó a la comunidad a poner avisos como estos. Fotografía Marly Vanegas


A finales del mes de agosto, ya nos preparábamos para iniciar lo que seria nuestra rutina de campo, el día de trabajo con el equipo, siendo las ocho de la mañana de un día muy soleado, emprendimos nuestro viaje a la primer vereda, que en sus búsquedas por internet solían describirla como un como un atractivo turístico muy especial. Hicimos nuestra primera parada en la finca Jamaica, nunca olvidare a Don Luis Blanco, nos recibió con un tinto y un apretón de mano fuerte. Los setenta y cinco años que tiene, los ha pasado viviendo en su finca, su lugar, un ranchito cálido que defiende.

A él como muchos otros, la guerra que le había quitado la esperanza de soñar con una vida plena, pero el paso del tiempo demostró que hay más formas de lograrlo, y que sí pueden convivir en un mismo espacio comunidades, bosques y actividades productivas.

Pensábamos en cómo podríamos ayudar a mejorar la situación de la comunidad de la vereda, muy restringida para hacer sus actividades económicas por estar ya en zona de Parque Nacional. Eso implicaba un desafío, cómo decirles a ellos que podrían seguir haciendo lo mismo, pero de una manera más sostenible, como hacerles ver de las riquezas de su territorio y la variedad de servicios ecosistémicos que provee, desde el abastecimiento de agua dulce para el uso doméstico, hasta la noción de calidad de vida que Don Luis demostraba en cada palabra.


Recuerdo un día en el que el sol calentaba con más fuerza que lo habitual y visité la finca de Don Rigo Soto, un hombre humilde con sonrisa tímida, que nos invitó a seguir y tomar limonada; mientras Diana una médica veterinaria le hablaba y preguntaba sobre cómo le gustaría ver su finca a futuro, Don Rigo, se mostró pensativo por un momento, mientras ordenaba sus ideas.


Trajo algunos recuerdos a su mente, siendo tan solo un niño nunca supo cómo la violencia de entonces limitó tantos sueños y vidas y los marginó a él y su padre hacia una actividad de extracción maderera que fue creciendo sin fin hasta que empezó a sentir las consecuencias en carne propia. Entendió que Brisas del Cravo no era solo ganado y potreros y que podría hacer otra cosa distinta a lo que habían realizado sus ancestros. Meses después Don Rigo decidió producir y vender miel, aquella miel le devolvería la esperanza y su sabor cruzaría las fronteras de su finca.








Los panales de abejas, la nueva actividad productiva de la finca de Don Rigo. Fotografía Marly Vanegas










Ahora que puedo ser mensajera de este viaje, debo contarles que me marcó la existencia, aprendí de la bondad humana y la importancia del territorio para las personas. Además de ser el inicio de mis sueños el aprendizaje que tuve fue enorme, aprendí que los pequeños cambios son posibles cuando actuamos juntos y unimos nuestras fuerzas: y que además hay que creer, porque si no lo creemos, perderemos la esperanza, nos hundiremos en la desesperación y no haremos nada. Sigo creyendo que existe la esperanza de ver un mundo mejor, donde las comunidades rurales cuidando sus ecosistemas, pueden cambiar una vida, una guerra y una costumbre.



LA ESPERANZA TAMBIÉN SE ESCUCHA

Aquí pueden conocer la historia de los cinco rostros que me inspiran a seguir creyendo.

Escrito por: Matly Vanegas

Narradora de historias - Graduada de la Escuela de Comunicación Audiovisual Bosques de Vida


Esta historia forma parte de la creación colectiva de nueve jóvenes araucanos que culminaron el proceso de la Escuela de Comunicación Audiovisual Bosques de Vida.


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